Caminó deteniéndose en cada flor que encontró en el camino, introduciendo su infante nariz en ellas para tratar de reconocer el aroma y retenerlo en su cabeza. Su vestido, por debajo de las rodillas, pasaba rozando muchas veces el humedecido suelo, que se había vuelto de tierra mojada hacia unos metros atrás en su camino, y aun faltaban unos cien metros para llegar a su destino final.
A esas alturas su nariz estaba amarilla, y producto de lo mismo, sus pulmones tendían a colapsar cada cierto tiempo debido a la reacción que el polen le generaba a su organismo. Saltaba y corría entre piedras del enorme jardín de la casa en la que vivía, de vez en cuando deteniéndose para escudriñar otra colorida flor o para estornudar, sacudiendo sus bracitos cada vez que lo hacia, olvidándose de los modales impuestos y las normas de seguridad tan estrictas que a ratos eran más exageraciones que precauciones.
Se podía disfrutar de la humedad del aire circulando entre el ambiente y sus pulmones. Era agradable sentir como se enfriaban sus vías aéreas a medida que tomaba grandes bocanadas de oxigeno, tan esquivo dentro de su cuarto.
El cabello de la niña, tan rosado como el algodón de dulce, estaba trenzado sobre su cabeza. El movimiento de la pequeña hacia que la totalidad de su peinado se balanceara de un lado a otro, quedando la punta en casi total coincidencia con la mitad de su cuerpo cada vez que se detenía. Una flor de color azul y cuyo olor aun daba destellos de frescura que incluso la niña podía sentir, adornaba el costado derecho de la cabeza, justo sobre la oreja.
Sus delicados pies estaban calzados en unas zapatillas hechas de cuero y seda, con suelas no muy rígidas y cintas en los empeines.
De pronto, desde su escondite hacia su aparición un pequeño niño, que aunque no podía reconocer realmente, parecía generarle gran gusto de ver. Salió de entre los arbustos al pie del estanque al que ella había llegado recién, y su ausente calzado dejaba ver unos pies que, a pesar del frio y las condiciones de pobreza, se veían en buen estado.
Sus pantalones, de color gris azulado, del mismo color que su sweter andrajoso, terminaban en irregulares cortes, hechos al parecer por el mismo en una tarde de aburrimiento. Las mangas las llevaba arriba y sus manos dejaban entrever unas negras uñas, evidentemente rellenas de tierra.
Su desordenado y mal cuidado cabello se movía poco con las ráfagas del viento, por lo que, o bien debía estar bastante tiempo sin asear, o sino muy poco se demoraba en ensuciarlo hasta un nivel cómico.
Había una pantalla de niebla casi irreal entre ella y la pequeña persona que estaba parada en frente, del otro lado del estanque. Apenas alcanzaba a ver su rostro, pero sabia que era una persona familiar, una persona grata. No existía esa necesidad casi instintiva de huir de él como de quienes dejaba atrás, en aquél lejano palacio.
Le encantaba ese vestido rojo con mangas hasta los codos y muchas vueltas en la caída de la falda porque la hacia sentir grande, aunque tampoco recuerda que la sensación de ser grande le trajera demasiados bellos recuerdos.
La persona que tenia en frente era de mirada invisiblemente gentil. A pesar de no ver sus ojos directamente, sentía con extraña certeza que la miraba con cariño, sin la hostilidad de la que huía. De su edad quizá, un niño algo mayor que ella, probablemente de menos recursos.
De pronto, y como era costumbre, Violet despertó. El mismo sueño que recuerda desde que volvió de su retiro. Aun sentía un poco de olor a tierra mojada y flores en la punta de la nariz y algo colapsada la vía de aire por la sensación de alergia en su garganta. Su despertar fue amable. Otras veces había despertado lista para salir corriendo. Ese sueño con un niño desconocido y sin rostro se alternaba, a veces en la misma jornada, con una sonrisa que le provocaba escalofríos.
A veces parecía que la niña de sus sueños cobraba el control de su cuerpo, y la tomaba de la mano para evitar que al despertar se encontrara con algo de lo que intentaba huir. Era como si ese sueño hubiese sido inventado por su subconsciente; que le pedía en una sutil pero fuerte súplica que no se fuera a despertar.
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se que debi mostrarte algo mejor, pero esto es lo que llevo arreglado de corrido de mi obra... y muchas cosas he arreglado mas adelante pero de forma dispersa... tu tienes como comparar esto a como habia quedado lo original, espero que te guste...
te amo
1 comentarios:
SU-TE-KI
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